Las reglas del juego

En Cataluña, hace ya algunos años que es casi imposible cursar las enseñanzas primaria, secundaria y el bachillerato en español. Por alguna extraña circunstancia, la lengua vehicular y de transmisión de conocimiento es exclusivamente el catalán y el español apenas tiene una presencia simbólica de dos o tres horas a la semana, en el total de las horas lectivas de los alumnos.

Es la ley educativa, nos dicen. La ley, que sólo intenta servir al bien común de la sociedad catalana y española, nos dicen. En aras de ello, muchos chavales tienen que recibir la enseñanza en catalán (aunque en sus casas, sus padres no lo hablen). Y esa realidad se está extendiendo por toda España: Galicia, Baleares, Valencia, etc. Hace poco, conocíamos en Valencia, el caso de una niña que reclamaba su derecho a estudiar en español.

 Pero los políticos están por encima de las normativas que imponen a los demás. Las leyes no les afectan ni a ellos ni a sus allegados. Hace algunos días ha aparecido la noticia de que “los hijos de Montilla (presidente de la Generalidad catalana) sólo dan una hora de catalán a la semana”.

  Pero es para morirse del asco cuando la madre de la prole montilliana afirma que está encantada con la educación que reciben sus hijos en un colegio privado (el elitista Liceo Alemán) y afirma lo siguiente: “Los niños saldrán de allí dominando perfectamente el alemán y el inglés. Es una maravilla. Sólo por saber alemán ya encontrarán trabajo. Es como tener una carrera“.

  Esto es lo que hay. Merecedor de que todas las AMPAS (Asociaciones de madres y padres de alumnos) de España sepan lo que piensa esta señora, esposa del socialista Montilla, presidente de la Generalidad catalana.

  Mientras la prole montilliana se prepara para ser los dirigentes del mañana, miles y miles de chavales en toda Cataluña reciben una enseñanza sesgada y de calidad tercermundista. Mientras la prole montilliana recibe clases de inglés y alemán miles y miles de chavales en España sufren los estragos de la LOE. ¡Qué más da!

  Yo, desde aquí, animo a todos los que leáis esto a que imitéis a los políticos: si Montilla lleva a sus hijos al Liceo Alemán, todos los demás también deberíamos llevar a nuestros hijos al Liceo Alemán, y si es caro, en régimen de competencia y mérito, que se habilite un eficaz sistema de becas que permita el acceso a una enseñanza de calidad a quien más lo merezca, sea hijo del bachiller Montilla (presidente de la Generalidad catalana) o de uno de los obreros que habitan los deprimidos barrios de la periferia barcelonesa.

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